Paso al Noviciado de Inés

El pasado día 12 de Octubre, en  Ciudad Real comenzó su etapa de noviciado Inés Fernández de Gamboa. Nos unimos a su alegría y damos gracias al Señor con y por ella.

Las prenovicias también se unieron a la celebración

Gracia Hna. Montse, tu vida hablaba de Dios...


“La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca.”
Nos preguntábamos como comenzar, qué decir de nuestra Montse, cómo resumir todo aquello que nos regaló con su estar, con su oración… Y qué mejor resumen que el himno a la caridad, pues ésta no acaba NUNCA.

Hoy, nosotras “tus chicas” no podíamos dejar de darte las gracias por tu presencia en nuestras vidas, en este día que aunque suene raro… no nos dejas, pues estas ya con Aquel que tanto has amado y amas.

Para nosotras, más antiguas o más nuevas la resi siempre será un punto donde nuestra vida cambió: gente nueva, amigas que llevaremos siempre en el corazón, hermanas inolvidables… Donde luego, cuando abandonamos -entre comillas- la resi, siempre recordaremos los momentos vividos allí, y como olvidar esta frase: “reza por mi examen hermana” Aprobemos o no, tenemos la certeza en nuestro corazón que esa hermana se ha acordado de nosotras.

Quizá, recordamos más a aquellas hermanas que bajan a la portería o sirven en la comida... Pero la verdad, que estas hermanas no serían nada sin el apoyo de aquellas que están en comunidad rezando constantemente por ellas y en especial por sus chicas. Con su oración sostienen ese carisma por el que nosotras gritamos la primera semana con orgullo: somos marimacus… un somos marimacus que se queda grabado en el corazón para siempre. Y ya lo decía Vicenta María: “la oración todo lo facilita”.

Pero nos preguntamos ¿qué es ser marimacu?.. Montse como religiosa, fue una gran marimacu. Ella tenía sus grandes amores: 

- Jesús y nuestra madre María -de la que iba siempre de su mano- 
- Su comunidad –como hijas de Vicenta María- 
- Y nosotras “sus chicas”, porque para ella las chicas no solo han triunfado, siempre triunfarán.

Ya en su presentación, al principio de cada curso junto con la comunidad, ella se presentaba como la encargada de la biblioteca y la sacristía, y al servicio nuestro para lo que necesitáramos… Montse era así: “un no parar” de aquí para allá, de allá para acá: lavando purificadores, barriendo, saliendo a la calle a llevar esto a una hermana o comprar cualquier cosa... Siempre, al servicio de. 

Pero lo más entrañable para nosotras era verla: siempre con una mirada de ternura, siempre con un momento para decirte ¿qué tal has descansado?... sin embargo lo más especial era cuándo la pedíamos que rezara por nosotras o por un examen…Su respuesta era silenciosa, te miraba a los ojos con ternura, asentía con la cabeza, se ponía la mano en el corazón y miraba hacia arriba, si no tenía cerca una cruz o el Sagrario mismo…

Quizá sea un gesto que pase desapercibido, pero al verla pasar 20 veces por la capilla delante del Sagrario y verla como se paraba e inclinaba la cabeza… no por rutina si no ante el gran Amor de su vida una mirada de amor que alimentaba cada paso que daba.. y así nos dejaba en el corazón la fidelidad y el abandono, la certeza de que Jesús no es un cuento barato por el que ella decía “si” cada día, sino la verdadera y única salvación de sus chicas. Por ello, decimos hoy junto con Vicenta María: “demos gracias a Dios por todo”, y en especial por ti Montse porque tu misión no ha acabado, ahora desde el corazón del Padre te pedimos que intercedas por nosotras y por las chicas que vengan, por su salvación, por su dignidad como hijas de Dios…

Para terminar, que ya nos hemos enrollado bastante. Personalmente, yo no puedo dejar de darte las gracias Montse por “haberme salvado la vida”, como instrumento en sus manos, creíste en mi desde el principio. Y sin decirme nada, con tus obras dejabas escribir a Jesús, respetando mi tiempo y dejando el tiempo de Jesús. ¿Tú lo entendiste desde el principio, verdad? Sólo somos en la medida que no seamos nosotras mismas, sino Él. Gracias Montse. Te queremos.

Las Residentes de Salamanca