2º semana


2º SEMANA : UN VIAJE HACIA TU INTERIOR


LA ORACIÓN
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La oración consiste en ponerse en presencia de Dios con las manos y el corazón abiertos. Hay muchas cosas en mi vida a las que yo me aferro y tengo como agarradas en un puño: mis cualidades, por supuesto, pero también mis cosas inmateriales, mi trabajo, mis estudios, mi situación, mis amigos, mis ideas, mis principios, mi imagen. Si abriera el puño se quedaría allí de todas maneras; no se caería nada a pesar de tener las manos abiertas…
Pues bien eso es la oración. Al cabo de un rato se consiente en permanecer así con las manos abiertas: el Señor vendrá, echará un vistazo, mirará mis manos para ver lo que tengo, quizás se quede sorprendido, ¡cuántas cosas!. Pero luego me mirará:
— ¿Me permites llevarme este pedacito?, me dirá.
— Por supuesto, le diré, puedes llevártelo. Para eso estoy aquí con las manos abiertas.
A lo mejor el Señor me mira de nuevo y me pregunta:
— ¿Me permites poner otra cosa en tus manos?
Y yo responderé:
¡Claro!
La oración no es propiamente una búsqueda. La búsqueda supone cierta impaciencia, una actividad. Hay que hacer algo. La oración, en cambio, es una espera. La espera pone el acento en el otro, en el que viene. De mi parte sólo puedo aguardarlo. Esperar es expresar mi impotencia, mi insuficiencia y esta es mi actitud ante Dios.
No puedo forzar a Dios para que venga. Lo más que puedo hacer es esperar y estar presente. Orar significa dejar las prisas. Dios es quien controla. Vendrá cuando lo crea oportuno. Orar es tener fuerza para escuchar y renunciar a mi “independencia”.
Expresamos mucho cuando simplemente esperamos. Imaginemos que hemos estado cuatro juntos y hemos decidido volver a reunirnos a las nueve para salir. A la hora fijada aparecemos sólo tres. Esperamos al cuarto; quince minutos... treinta. . .una hora. Nuestra espera indica que el cuarto cuenta mucho para nosotros. No podemos irnos sin él. De igual manera, sólo con esperar a Dios, estoy admitiendo la importancia que tiene en mi vida. No puedo desentenderme de El.
Pues bien, este es el corazón de la oración. El Señor puede quitar o poner algo. Nadie sino El lo puede hacer. Es el Señor. Me basta solo abrir el corazón y las manos y permanecer allí el tiempo suficiente para que el Señor venga.
Pierre van Breemen, S.J.


¿QUÉ SON LOS EJERCICIOS?

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, son una "experiencia espiritual", un "camino espiritual", un "encuentro con Dios" Pero ¿qué es eso? ¿qué queremos decir cuando decimos experiencia?
š        Es un encuentro, como cuando dos personas se encuentran y enamoran;
š        es caer en la cuenta de que en lo más profundo de nosotros mismos vive Dios y que eso sucede con mucho cariño, en el corazón;
š        que para experimentarlo se necesita el cambio en nuestra vida: no podemos vivir eso con el corazón endurecido (a menos que lo reconozcamos) o con el corazón lleno de egoísmo, sino que tenemos que ir cambiando en nuestras actitudes hacia los demás.
š        La experiencia espiritual, se va reconociendo en la vida que vamos viviendo porque como dice Jesús: "por los frutos os conocerán" (Mt 7, 16).

Para emprender esta experiencia necesitamos unas certezas…

š        Convencerme que Dios me ama y eso no es por mis méritos ni por mis esfuerzos, sino que es un regalo que Dios me da gratuitamente, porque simplemente me ama.
š        Hay que tener, mucha confianza en Dios, y en que quiere comunicarse con cada uno de nosotros. Dios no se comunica con todos de la misma manera. Él tiene su palabra precisa, propia, particular para cada uno. La que El cree que más me conviene y no la que quiero que me diga.
š        Sabemos que Dios quiere que todos "tengamos vida y vida en abundancia" (Juan 10,10). Los Ejercicios nos ayudan a tener esa vida como Dios la quiere y nos dan fuerza para que también nosotros podamos dar vida a los demás.


Las claves principales (el secreto) de los Ejercicios ignaciano son:

š        Que seamos capaces de ponernos en la presencia de Dios.
š        Que escuchemos la voz de Dios, escuchemos la Palabra de Dios, en nuestro corazón y en nuestra vida.
š       

Que nos conozcamos como somos y sepamos por qué nos comportamos así con los demás y con nosotros mismos.
š        Que seamos capaces de discernir las mociones (movimientos) que vamos sintiendo.
š        Que queramos hacer la voluntad de Dios: lo que Dios quiere.
š        Que nos dispongamos en nuestra vida a seguir a Jesús.


¿Orar no es igual que rezar?
Orar no es igual que decir muchas palabras. Con esto, no queremos decir que rezar sea malo; pero orar tiene otro valor, es otra cosa. Orar es como dialogar con una persona en la que le tengo mucha confianza. Con esa persona no sólo hablo de los demás, sino que le llego a contar mis asuntos, lo que sufro y lo que me alegra. Orar es hablar con un amigo, como dice San Ignacio: "como un amigo habla con otro amigo" [EE 54].
             
Orar es algo humano, muy humano. Por eso no oran mejor los que más saben, sino los que más viven y por eso dice Jesús: "Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se les has mostrado a los pequeñitos" (Lucas10,21)

š        Orar es dejar a Dios que nos haga descubrir la necesidad que tenemos de El.
š        Orar es dejar que Dios, nos haga sentir el amor que El nos tiene,
š        Orar es sentirse hijo de Dios. Sentirse cómo uno es tan pequeño ante un Dios que es tan bueno y misericordioso,
š        Orar es dejarse llenar de los mismos sentimientos de Jesús: para pensar como pensaba Jesús, para sentir como sentía Jesús, para querer lo que quería Jesús, para amar como amaba Jesús, para hablar de lo que hablaba Jesús y como El, y para actuar como actuaba Jesús.

Examen del día

Sabemos que lo importante en esta experiencia de los Ejercicios, no es sólo lo que nos pasa en la oración, sino que todo el día es importante y toda la vida es fundamental; por lo tanto al final del día, también podemos hacer un pequeño examen. Puede ayudar este esquema:

š        Haz una revisión de las actividades de tu día: puedes recordar las cosas que has hecho durante el día.
š        ¿Qué fue lo que más te llamó la atención en el día de hoy? ¿Por qué?
š        ¿Dónde, en qué actividad encuentras más fácilmente la presencia de Dios?
š        ¿Dónde, en qué actividad crees que te alejas más de Dios? ¿Por qué? ¿Cuál puede ser la raíz de ese alejamiento
š        ¿Existe algún texto de la Biblia que te ilumine más y te dé más fuerza? Puedes anotar ese texto especialmente, recordarlo, saborearlo durante el día.

Otro tipo de examen es el siguiente, puedes hacer el que más te ayude o mezclarlos los dos, lo importante es que te ayude, y que cada noche reconozcas la acción de Dios en tu día, en tu vida.


DE TI HACIA MÍ:


  • ¿Qué he recibido en este día?
  •  ¿Qué quiero agradecerle a Dios?
  • ¿Qué me cuesta agradecerle?
  • ¿Su Espíritu me ha guiado a través de algo: alguna persona, circunstancia, pensamiento, oración…?
  • ¿He estado hoy abierta a sus mediaciones? ¿He buscado hoy su Voluntad?



DE MÍ HACIA TÍ


  • ¿Qué sentimientos han predominado en mi en este día? ¿De dónde me brotan estos sentimientos? ¿Qué motivaciones están debajo de lo que siento?
  • ¿He sido fiel al amor del Señor en mi día?
  • ¿Dónde me encontrado hoy con el Rostro de Dios? ¿En qué momentos he sentido su presencia?
  • ¿Qué palabra me ha dirigido hoy el Señor a través de las p personas que me rodean, los acontecimientos, la oración…?
  • ¿He sido signo del amor de Dios para las personas que me rodean? ¿En qué?
  • ¿En que actitudes, momentos, decisiones… me he alejado de Dios?
  • ¿En qué cosas no he sido fiel a Dios? ¿Y a mi misma?

NOSOTROS MAÑANA



  • A  la luz de todo lo que me ha mostrado en este rato de oración ¿qué siento que me pide el Señor para mañana? ¿En qué se concreta  mi deseo de responder al Amor que el Señor me muestra todos los días?

DÍA PRIMERO: JEREMÍAS 18,2-6


  •  Lee el texto de Jeremías 18, 2-6




  • Una vez hecha la lectura del texto, muy despacio, repite la lectura, para entenderla bien. Recuerda lo que más te llama la atención, detente con tranquilidad.
  • Párate en lo que te llame la atención, porque Dios eso te lo dice a ti.
  • En el texto de Jeremías, imagínate  que bajas al taller, y allí ves a Dios que está fabricando la vasija de tu vida... a su gusto...
  • Hoy, en este momento, en este tiempo, Dios está fabricando tu barro, continúa creándote, curándote, dándote vida, fuerza, ánimo...
  • ¿Qué sentimientos te produce esta escena?
  • ¿Crees que eres una vasija que a Dios le gusta?
  • ¿Qué le puede faltar a tu vida para ser de verdad una vasija como la quiere Dios'?


DÍA SEGUNDO: MARCOS 6, 30-32

Jesús te hace una Invitación personal. Estas invitada por Jesús a vivir algo muy especial: "Vamos aparte a un lugar tranquilo para descansar un poco".
      

Sientes que tu vida es muchas veces muy agitada y angustiada (problemas, personales, familiares, trabajo, salud, estudios, ...)

  • ¿Sientes que Jesús te invita, como a los apóstoles a un lugar tranquilo?
  • ¿Qué será lo que Jesús te va a decir en esta oportunidad, en ese lugar tranquilo?
  • Hoy vas a hacer silencio en tu corazón y vas a escuchar lo que Jesús te dice.
  • Después de estar un rato en silencio escuchando al Señor, pon en sus manos todo aquello que te preocupa, que te inquieta, todas las cosas que tienes en tus manos: estudios, amigos, planes, proyectos…
  • Pide al Señor que Él sea tu verdadera paz, que te acompaña en todos tus trabajos, que te bendiga, y que todo lo que haces en tu día a día te acerque más a Él y te lleve a conocer su Voluntad




DÍA TERCERO: EN TUS MANOS

Quiero, Señor, en tus manos grandes

dejarme moldear como arcilla,
dejarme abandonar en el amor.
Haz, Señor, que cada día
sienta que tú eres mi fortaleza
mi refugio en los momentos de peligro.
Quiero vivir como un niño que se siente protegido,
como quien se siente seguro.
Déjame creer que tú eres mi Padre
que me cuida y vela  en mi vida.
Déjame sosegarme en tu presencia,
en la ternura de tu inmenso cariño.
Cuando todo parezca gris o áspero,
descúbreme que tú eres mi salida,
mi marcha sin retorno
la luz de mi vida.
Quiero dejarme en tus manos,
abandonando todas las preocupaciones,
con el gozo de que tú me sostienes.
Quiero abandonarme, pues sé que eres la fidelidad a la cita
el gozo en medio del llanto,
la paz en los conflictos,
la alegría que nadie me podrá arrebatar.
Tú eres mi confianza, pues todo lo que me ocurre
sé que está pesado en la balanza del amor. Amén.


  • ¿Cómo encontrarte? ¿Cómo encontrar paz en ti, Dios? ¿Cómo sentir el sosiego de tu presencia en medio de mi vida? Ay! es fácil acordarme de ti en este momento tranquilo. No es tan fácil hacer lo mismo ahí fuera, cuando la prisa me lleva de un lugar a otro, siempre con algo urgente en la cabeza, siempre con algo que no quiero olvidar, siempre pendiente del reloj, de las gentes, de las tareas. Enséñame a que en mi vida diaria las preocupaciones, los esfuerzos, los problemas, la urgencia, no me dejen olvidarme de ti.
  • ¿Cómo creer que tú estarás ahí? ¿Cómo abandonar las preocupaciones en tu presencia? ¿Cómo decir, con corazón confiado, “hágase tu voluntad”, “tu presencia me basta”...? Enséñame a confiar en ti, a vivir desde la convicción serena y profunda de que tú me acompañas. Enséñame, Señor, a vivir contigo.
  • ¿Cómo anunciarte? Me gustaría que, con mi vida, la gente viera que estoy en tus manos; que, con mis gestos, la gente entendiera que tú guías mis pasos. Me gustaría que, con mis palabras, la gente intuyera que tú hablas por mí; que, con mi fe, la gente entendiera que Tú lo puedes llenar todo; que, en mis caricias, la gente viera tu ternura; que, en mi vida, la gente viera que no voy solo, sino que tú me sostienes y acompañas mi camino. Ojalá viva en tus manos, y con tal seguridad que no se pueda dudar, con tal convicción que no se pueda ignorar, con tal pasión que se contagie en este mundo.



 


DÍA CUARTO: DIOS HABITA EN MI CORAZÓN

Cuenta una vieja leyenda que en el principio del mundo Dios quiso jugar al escondite y pidió consejo a un sabio: “Quiero jugar al escondite con los hombres. He preguntado a mis ángeles cuál sería el mejor sitio para esconderse. Unos dicen que en lo profundo del océano. Otros, que en la cima de la montaña más alta. Otros, que en la cara escondida de la luna o en una estrella lejana... Tú, ¿qué me aconsejas?
Respondió el sabio: “Escóndete en el corazón humano. Es el último sitio en el que se les ocurrirá ir a buscarte”. Y desde entonces el hombre ha corrido, ha viajado, ha explorado, ha ido por todas partes, pero rara vez se ha encontrado con Dios escondido dentro de sí.

  • Tómate un tiempo para reflexionar sobre esta parábola. ¿Qué te dice a ti?
  • Lee y medita el Tx: Mt 13, 44-46
  • Tu mayor tesoro es Dios… Él está escondido en tu corazón… ¿Crees que Dios es tu mayor tesoro? ¿lo buscas en tu corazón?
  • ¿En donde sueles encontrar al Señor? Haz una pequeña lista de aquellos “lugares” en los que ves signos de la presencia del Señor dentro de ti: en tus cualidades, actitudes, valores,…

DÍA QUINTO: LA BELLEZA INTERIOR

La belleza de las cosas es fugaz. Intenta llegar hasta la belleza interior de las personas con las que convives. Muchas flores bellísimas y perfumadas sólo duran pocas horas. Sin embargo, aunque feas, las piedras duran milenios y cumplen sus tareas.
 No prefieras lo pasajero a lo eterno, la belleza a la sabiduría. Afiánzate en lo que dura para siempre, en el Espíritu, nuestro verdadero YO y no en lo que termina pronto.



              Las cosas duraderas, todo aquello que perdura en el tiempo, principalmente los sentimientos y los pensamientos, tienen una sólida base en su esencia. Esencia que les permite expresarse con fuerza y dejar su mensaje grabado en el espíritu de los demás. La belleza en las ideas y en el espíritu perduran mucho más que la belleza del cuerpo. Una es superficial y temporal. La otra es profunda y puede ser eterna. Por eso, debemos cultivar y cuidar nuestra esencia, ya que es la que podrá despertar sentimientos duraderos y relacionarnos con personas bellas en su interior, para formar una conjunción espiritual que nos eleve más y más...


  • lee  despacio y medita el texto de Gn 1
  • Dios al crear el mundo, lo creo bueno y bello “y vio Dios que era bueno”
  • ¿Cuáles son tus criterios para descubrir la bondad y la belleza de todo lo que te rodea?
  • Pero… ¿de dónde nace la belleza de todo lo creado? Pide al Señor que te muestra la raíz de la belleza de la creación. De las personas, de las cosas…


DÍA SEXTO: MI RELACIÓN CON EL SEÑOR

“Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tú Padre que ve en lo secreto te recompensará”



  • Lee y medita el texto de Mt 6, 5-13
  • Escucha lo que el Señor  te quiere revelara a través de este texto
  • ¿Qué es para ti la oración? Defínela
  • ¿Qué tal haces tu oración a Dios? ¿Te resulta fácil la oración? ¿No tienes distracciones?
  • Hoy conviene que revises tu vida de oración. ¿Quién te enseñó a orar? ¿Qué clase de oraciones decías cuando eras pequeña? Describe las distintas maneras con las que orabas a Dios, según ibas creciendo. ¿Cómo oras a Dios en este momento de tu vida?
  • Pídele al Señor que te enseñe a orar, y que la oración se haga vida en ti.

DÍA SÉPTIMO: MI ORACIÓN



Estar ahí ante ti, Señor, eso es todo. Cerrar los ojos de mi cuerpo, cerrar los ojos de mi alma, y permanecer quieta y en silencio, para abrirme hacia ti, que estás ahí abierto hacia mí.
Estar ahí ante ti, Padre Misericordioso. Quiero, Señor, no sentir nada, no ver nada, no oír nada.
Vacío de toda idea, de toda imagen, en el silencio..



Estar, simplemente, aquí
para encontrarte sin obstáculos
en el silencio de la fe,
delante de ti, Señor.



  • Examina esta semana transcurrida. ¿Has experimentado mayor intensidad en tu oración, cuando tu mente y tu cuerpo se hallaban en paz? ¿Puedes pacificar, fácilmente, tu cuerpo y tu mente? ¿Qué más puedes hacer, no sólo durante la oración, si no a lo largo del día, para crearte un ambiente de recogimiento?
  •  ¿Está tu oración centrada en Dios? Examina tu corazón, indaga tus deseos y motivos. ¿Qué es lo que, en realidad, buscas en la oración?
  • Ora con el Salmo 63, 1-8.
  • Pide la gracia de querer, de veras, conocer a Dios íntimamente, a través de tu personal experiencia, y de amar a Dios con todo tu ser.