¿TE VIENES DE VIAJE?

¿Quieres dedicar cada día un rato al encuentro con el Señor?
Te ofrecemos una nueva propuesta para empezar el verano... sólo necesitas disponer de 20 minutos para entrara en Ti y en Él.
Cada semana compartiremos contigo los materiales necesarios para este viaje hacia tu interior desde las claves de la Espiritualidad Ignaciana... sólo necesitas copiar los textos, organizar tu tiempo y disponerte  para el ENCUENTRO!
¿Empezamos?

PRIMERA SEMANA: AQUÍ ESTOY SEÑOR

MODOS DE ORAR
Los cristianos tenemos varias maneras de establecer contacto con Dios.
Los antiguos catecismos nos decían que orar era «elevar el corazón a Dios». Esta no es una definición completa. La palabra «elevar» indica los esfuerzos que yo hago, los ejercicios que practico (leer la Escritura, meditar, contemplar, adorar, confesar mis pecados, dar gracias, suplicar). «Elevar» nos sugiere, además, que Dios está «allí arriba» y que tenemos que «subir» hacia él o pedirle que «baje» él hasta nosotros.
Sin embargo, sabemos que Dios está presente en todas partes. «En él vivimos, nos movemos y existimos». Dios está en mi corazón. En la oración, se trata de «estar» con él, más que de «hacer» algo. Hemos de convencernos de que la oración es el Espíritu de Dios que está activo en nosotros.
San Ignacio nos propone una manera concreta de orar, y esta es la que vamos a seguir a lo largo de los Ejercicios. La estructura es de la siguiente manera:

a) No te precipites a la oración. Tómate unos minutos, antes de un período de oración, para tranquilizarte y relajarte:
 Haz algunas inspiraciones profundas.
Ponte en una postura cómoda.
Ahuyenta todas tus preocupaciones y cuidados.
Sintoniza con el Señor.
b) Si hay ruido, no sientas ansiedad ni inquietud. Acéptalo, siendo al principio consciente del mismo y, después prescindiendo, ofreciéndoselo a Dios y pidiéndole que concentre tu atención en él.

c) Recita una plegaria que exprese tu fe en la presencia de Dios. Dile que lo adoras; dale gracias por sus dones, especialmente por el don de la vida. Pide gracia para responder totalmente al Espíritu que ora dentro de ti. Esta oración introductoria puede ser la que a ti más te ayude a disponerte a la oración.

d) Ahora ya, dispuesta al encuentro con el Señor, comienza la oración del día, tal y como la hayas preparado, o la tengas en el guión que tienes para cada día.

e) Al finalizar el rato de oración has de reservar cinco minutos para recoger en tu cuaderno lo que ha sido la oración para ti. San Ignacio a esto le llama, “examen de la oración”.
En tu examen, podrías preguntarte algunas cosas de éstas:

—Cuál ha sido mi talante al comienzo de la oración (feliz, triste, pacífico, ansioso, amante, dudoso, confiado...)?
—Ha cambiado mi talante durante la oración? ¿Por qué sí, o por qué no?
—Me resultaba atractivo el tema del día? ¿Por qué?
—Me disgustaba orar sobre el tema sugerido? ¿Por qué?
—Ha habido alguna palabra o frase que me haya resultado interesante, inspiradora?
—He percibido continuamente la presencia de Dios?
—Hay algún punto sobre el que habré de volver en el siguiente período de oración?

     Si te ayuda puedes hacerte un cuadro como el siguiente:




Día…….
Texto de la oración

Tema de la oración:

Durante la oración me he sentido

La frase que más me resuena

Me siento llamada a

He tenido dificultades en

Frase que resume mi oración

                             



PRIMER DÍA: LA SUAVE INICIATIVA DE DIOS

El Padre llama a mi puerta buscando un hogar para su hijo.
—E) alquiler es barato, de verdad-le digo.
—No quiero alquilado, quiero comprarlo —dice Dios.
—No sé si querré vender/o, pero puedes entrar y echarle un vistazo.
—Sí, voy a verlo —dice Dios.
—Te podría dejar una o dos habitaciones.
—Me gusta —dice Dios—. Voy a tomar las dos, Quizá decidas algún día darme más. Puedo esperar.
—Me gustaría dejarte más, pero me resulta algo difícil; necesito cierto espacio para mí.
—Me hago cargo —dice Dios—, pero aguardaré. Lo que he visto me gusta.
—Bueno, quizá te pueda dejar otra habitación. En realidad, yo no necesito tanto.
—Gracias —dice Dios—. La tomo. Me gusta lo que he visto.
—Me gustaría dejarte toda la casa, pero tengo mis dudas.
—Piénsalo —dice Dios—. Yo no te dejaría fuera. Tu casa sería mía y mi hijo viviría en ella. Y tú tendrías más espacio del que has tenido nunca.
—No entiendo lo que me estás diciendo.
—Ya lo sé —dice Dios—, pero no puedo explicártelo. Tendrás que descubrirlo por tu cuenta. Y esto sólo puede suceder si le dejas a él toda la casa.
—Un poco arriesgado, ¿no?
—Así es —dice Dios—, pero ponme a prueba.
—Me lo pensará. Me pondré en contacto contigo.
—Puedo esperar —dice Dios—. Lo que he visto me gusta.
Mira que estoy a la puerta llamando. Si alguien mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y remos juntos.

*      Cierra los ojos, tranquiliza el cuerpo, acalla la mente. Imagínate que oyes que alguien llama a la puerta. Al abrir, te encuentras allí con Dios. ¿Cuál es tu primera reacción? Invítale a entrar, ofrécele un asiento, inicia una conversación con Él. Háblale de tus temores acerca de estos ejercicios, deseos, intenciones, planes, …
*      Si se te acaban las palabras observa en silencio como Él te mita con amor, como te comprende.
*      Lee y medita, es decir, deja el Señor te hable al corazón a través de las palabras de Corintios 5, 1-10.
*      Deja un rato de silencio para que la Palabra entre en tu corazón y hable a tu vida. ¿Qué sientes que te dice el Señor a ti?
*      Pídele al Señor aquello que ha brotado ahora de tu corazón.
*      Termina con un Padre nuestro
*      Haza el examen de tu oración y anótalo en tu cuaderno.

SEGUNDO DÍA: “YO SOY TU CREADOR”
*     Lee pausadamente Isais 43, 1-7
*     Deja unos minutos de silencio para que la Palabra de Dios resuene en tu corazón.
*     Subraya aquellas frases o palabras que más te hayan llamado la atención.
*     Escucha al Señor que te las dirige a ti estas palabras: “No te sientas sola” “Yo soy tu creador” “Eres preciosa a mis ojos… yo te amo”
*     ¿A través de  qué momentos, circunstancias, personas de tu vida  sientes estas palabras hechas vida en ti?
*     Después de un tiempo de silencio y reflexión da gracias al Señor por el regalo de saber y sentir que eres creación suya.
*     Examen de la oración.

TERCER DÍA: DIOS ME HA CREADO, ÉL ME CONOCE


*      Lee pausadamente el Salmo 139 (138)
*      Deja que sus palabras empapen tu corazón, y que resuenen en tu mente aquellas que hoy el Señor te dirige a ti.
*      Párate en aquellas frases o palabras que más te llamen la atención, y deja que en el silencio el Señor te revele porque resuenan tan fuertemente esas palabras en ti.
*      Dios te ha creado, Él te conoce, Él está siempre a tu lado, tiene su mirada puesta en ti. ¿Cómo percibes la mirada del Señor? Deja que en tu corazón se reflejen los sentimientos que Dios tiene contigo. Cuando Él te mira… ¿siente alegría, paz, gozo,…? ¿Cómo te sientes mirada por el Señor?
*      Termina escribiéndole al Señor un pequeño salmo de acción de gracias, porque Él es tu creador, el que te regala la vida cada día, el que te cuida, el que te sostiene…
*      Examen de la oración


CUARTO DÍA: SOMOS SUS HIJOS AMADOS

Saberme y sentirme amado:
Es una experiencia fundamental,  de esas que no se olvidan aún en los momentos más sombríos, cuando parece que todo fundamento ha desaparecido.
 Me descubro querida y amada cuando contemplo el mundo que se me ofrece,  y  las cosas que hay en él. Mirando  a la gente, las personas (muchas de ellas me han amado a lo largo de mi vida). Cuando miro y busco con hondura en mi interior. Cuando con confianza fijo mi mirada en el Señor.


Así descubro mis cimientos, el para qué de esta vida que se me ofrece. Tantas cosas en mi vida, en mi historia me hablan de Ti...

*      Haz silencio en tu corazón y descubre que significa para ti sentirte amada.
*      ¿Te sientes amada por el Señor? ¿En que acontecimientos, personas, cosas, … ves las “huellas” del amor que Dios derrama sobre ti cada día?
*      Haz una pequeña lista de esos “detalles de amor” que el Señor ha tenido contigo a lo largo de tu vida, y que ahora sigue teniendo. Fíjate en todo aquello que te habla de su amor.
Deja que tu corazón se empape de su Palabra: “No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que El nos amó primero” (1 Jn 4,10)
*      Termina tu oración con la siguiente oración

Lo más importante no es…

Lo más importante no es: 
Que yo te busque,
Sino que tu me buscas en todos los caminos (Gen.3,9)
Que yo te llame por tu nombre,
Sino que el mío está tatuado en la palma de tu mano  (Is. 49,16)
Que yo te grite cuando me faltan las palabras,
Sino que tú gimes en mí con tu grito  (Rm. 8,26)
Que yo tenga proyectos para ti,
Sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro  (Mc. 1,17)
Que yo te comprenda,
Sino que tú me comprendas en mi último secreto (1 Cor.13, 12)
Que yo hable de ti con sabiduría, 
Sino que tú vives en mí, y te expresas a tu manera  (2 Cor. 4,10)
Que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, 
Sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas (Jn 13,1).
Que yo trate de animarme y planificar,
Sino que tu fuego arde dentro de mis huesos (Jer. 20,9)
Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte,... Si tu, no me buscas, llamas y  amas primero?


QUINTO DÍA: DIOS EN MI VIDA

Una noche tuve un Sueño:
Soñé que paseaba a lo largo de la playa con el Señor, y, en el cielo, se reflejaban escenas de mi vida. Por cada escena, advertí dos series de huellas en la arena. Unas eran las mías, las otras las del Señor.
Cuando se reflejó, ante mí, la última escena de mi vida, miré atrás, a las huellas de la arena.
Y noté que, muchas veces en el trayecto de mi vida, sólo había una serie de huellas.
Y me di cuenta de que coincidían con los momentos más bajos y tristes de mi vida. Me sorprendió y fui a preguntárselo al Señor:
«Señor, tú me dijiste que, si te seguía, harías tú conmigo todo el camino, pero he advertido que, en los momentos más difíciles de mi vida, sólo hay una serie de huellas. No comprendo por qué, cuando más te necesitaba, me abandonaste».
El Señor me respondió: «Querido, querido hijo mío, yo te quiero y jamás, jamás te abandoné en tus momentos de prueba y sufrimiento. Cuando has visto sólo una serie de huellas, es porque, entonces, yo te llevaba en mis brazos».

El Señor es tu guardián; está a tu derecha. El Señor te guarda de todo mal, El protege tu vida.
Salmo 121, 5.7


*       Después de dejarte interpelar por el texto que acabas de leer, deja reposar esas palabras en tu corazón.
*       Lee el Salmo 121. El Señor es tu guardián, Él es el que te protege en todo momento. ¿Dónde tienes puesta tu confianza? ¿Cuál es la seguridad de tu vida? ¿Eres consciente de que tu vida está en sus manos, y esta es tu mayor seguridad?
*       Quédate en silencio y entabla una conversación con Jesús. Deja que hable a tu corazón.
*       Termina tu oración con una acción de gracias


SEXTO DÍA: TE BUSCARÉ



¿Cuál será la huella
que me lleve hasta tu encuentro?
No quiero vivir errante y vacío
quedándome sólo en tus huellas.

¿Se llamará salud, o enfermedad?
¿Se presentará con el rostro del éxito
o con el cansancio golpeado del fracaso?
¿Será seca como el desierto
o rebosante de vida como el oasis?
¿Brillará con la transparencia del místico
o se apagará en el despojo del oprimido?
¿Caerá sobre mí como golpe de látigo
o se acercará como caricia de ternura?
¿Brotará en comunión con un pueblo festivo
o en mi indecible soledad original?
¿Será la historia brillante de los libros
o el revés oprimido de la trama?
No importa cuál sea el camino
que me conduzca hasta tu encuentro.
No quiero apoderarme de tus huellas
cuando son reflejo fascinante de tu gloria,
ni quiero evad
No importa lo que tarde en abrirse
el misterio que te esconde,
y toda huella tuya me anuncia.
Todo mi viaje llega
al silencio y a la espera
de mi “no saber” más hondo.
Pero “yo sé” que ya estoy en ti
cuando aguardo ante tu puerta.

(Benjamín G. Buelta)





A veces te buscaré desde la duda
Cuando no sienta tu presencia ni tu palabra. Cuando tu evangelio no me queme ni me emocione. Cuando la vida me apriete, y la fe se enfríe… Y, sin embargo, ahí estarás, llamando, enseñando, hablando… Te buscaré sin aferrarte nunca, descubriré de ti cosas que me harán perseguir otras más profundas… Tú sólo ayúdame a buscarte, a descubrirte, a saber que tu presencia es parte de mi vida y de mi forma de estar en el mundo…

Te encontraré en lugares sorprendentes:
En medio del ruido, del ajetreo, de la vida… En medio de las  prisas, del vértigo, del trabajo… En medio de las voces, de los cantos, de tantas actividades… ¿dónde estás, Señor? ¿Dónde estás tú que me llamas? ¿Dónde tu palabra, tu mensaje, tu evangelio? ¿Dónde tu plan para mí?
A veces no sé dónde estás, y por  eso te pido que no me dejes perderte, que aprenda a buscarte, a descubrirte, a saber que tu presencia es parte de mi vida y de mi forma de estar en el mundo…

Te buscaré con pasión… 
Porque tu evangelio me cautiva y me intriga, porque a veces se me hace nuevo, aunque otras veces me suene a lo de siempre. Porque tu mensaje de hermandad, de justicia, de misericordia, de servicio, de amor, me seduce… y por eso quiero conocerte más, quiero tenerte más, quiero ser un poco más tuyo. Te busco porque de todas las llamadas que se me hacen desde tantos sitios, es tu evangelio lo que me cautiva. Porque es tu palabra la que me llega hondo… y porque intuyo que lo que tú quieres de mí es lo que verdaderamente le puede dar sentido a mi vida.

*      Deja resonar suavemente este texto es tu corazón, leo varias veces, y deja que el Señor te hable a través de él.

*      ¿Dónde sueles buscar en tu día a día al Señor? ¿En dónde lo encuentras?

*      Termina tu oración con un pequeño compromiso: ¿Dónde vas a buscar al Señor en estos días?


SÉPTIMO DÍA: ESCUCHA ATENTA

La oración de hoy va a ser distinta: se trata de ver cómo ha pasado el Señor por tu oración y por tu vida durante esta semana. Vamos a hacer lo que San Ignacio discernimiento.
Consta de cinco puntos:

1. Dar gracias
Has de comenzar este ejercicio con la convicción de que todo lo que eres y tienes es un don que Dios te ha hecho. Se lo debes todo. Por consiguiente, querrás reconocer sus dones y darle gracias. Esta convicción profundizará tu fe en Dios. Te darás cuenta de lo «pobre» que eres, de lo dependiente que eres de Dios. Descubrirás lo bueno que ha sido Dios contigo y se lo agradecerás.
Cuando se evoca con frecuencia este sentimiento de gratitud, se convierte en una actitud que te acompañará durante todo el día. Poco a poco, irás experimentando que todo es don. Esta convicción puede transformar toda tu vida en agradecimiento.
Ejercicio: Suscita sentimientos de gratitud en tu corazón, al comprobar que todo lo que tienes y eres es un don de Dios. Agradécele a Dios todo, pero específicamente los dones que te ha regalado en estos días de oración. Al repasar los exámenes de las oraciones, puede que descubras dones de Dios de los que no te habías dado cuenta.

2. Pedir luz
No te será posible el ver claramente las cosas espirituales o lo que pasa en tu interior, solamente con los ojos y la mente humanos. Para ello necesitas la luz divina. Dependes de la gracia de Dios para todo pero, especialmente, cuando se trata de tus relaciones con el mismo Dios.
Ejercicio: Pídele a Dios que te envíe su Espíritu para que te dé un conocimiento creciente del misterio que tú eres. Pide tener, cada vez, mayor apertura hacia todos los caminos que el Espíritu te indique, para que así tu vida sea cada vez más dirigida por el Espíritu.
Pídele al Espíritu que te haga ver cómo él te ha dirigido, desde la mañana, a través de todos los acontecimientos, personas, etc. Pídele ser sensible a sus dones: paz, amor, amabilidad, gozo, paciencia, fidelidad, autocontrol. Pídele conocer mejor tus actitudes negativas, que son signos claros de tu falta de respuesta a la voluntad y al amor de Dios, a saber: ansiedad, inquietud, ira, envidia, resentimiento...
Que te de la capacidad de ver cómo ha estado presente en tus oraciones.

3. Examinar tus experiencias y acciones
Repasa despacio los acontecimientos, personas y circunstancias del día. Escucha al Señor y deja que te diga él mismo dónde te salió al paso, te dirigió y estuvo presente ante ti. No te esfuerces por recordar cosas, deja que ellas se te presenten. ¿De qué manera estaba Dios presente en ellas?
¿Te has comportado siempre como se comportaría Cristo? Tus actitudes, sentimientos y acciones ¿han estado en la línea de los valores evangélicos?
¿Cómo ha estado presente Dios en cada rato de oración de esta semana?


4. Deseos de cambio
Al ser consciente de tu falta de correspondencia al amor de Dios, surgirán en ti algunos sentimientos encontrados:
— tristeza por tus pecados Y’ a la vez, asombro de que Dios te ofrezca constantemente su perdón
—firme confianza en Dios
— reconocimiento humilde de tus debilidades Y un sentido de profunda alegría Y gratitud al sentirte salvada por Cristo.
Ejercicio: Hallarás siempre que has tenido actitudes egoístas, de acción u omisión, que demuestran tu falta de respuesta al amor de Dios. Manifiesta tu arrepentimiento por todo ello y da gracias porque El Señor te regala el don de ser consciente de ello. A través de la oración te habrá abierto el corazón a sus llamadas. Concreta las más importantes.

5. Proponerte ser y obrar mejor
Has de tomar la determinación de mantener tu espíritu lleno de gratitud, Y de deshacerte de todo planteamiento que se interponga entre Dios Y tú. Y adoptar una gran apertura para aceptar los desafíos que Dios pone ante ti. Ejercicio: Toma conciencia de lo que ahora mismo sientes:
Tristeza, desánimo, miedo, esperanza, agradecimiento... ¿Por qué? Pide la gracia de reconocer los caminos por los que Dios te llama en cada situación, de ahora en adelante, Y de responder a su llamada con fe, humildad Y valor crecientes. Concreta en una sola cosa lo que ha sido para ti la oración de esta semana.
Escribe cada punto en tu libreta de oración, así con el paso del tiempo te será más fácil ver por donde te lleva el Señor.
Termina con un Padre Nuestro.

Quiero escuchar Tu Voz

¿Qué pasaría si nos detuviésemos es serio a escuchar Tu Voz? ¿Si comprometiésemos nuestras vidas con Tu Palabra?

Te buscamos Señor...

Hoy te invitamos a que te pares y pienses...¿qué buscas? ¿en dónde lo buscas?
Has pensado alguna vez que Dios te busca a ti! Sí, así es...
Y nosotros le buscamos a Él aun sin saberlo....

Bienvenid@

Queremos ofrecerte en este Blog un espacio diferente, un “lugar” en la red de encuentro contigo mism@ y con el Sueño que Dios tiene para ti. Por ello, te iremos ofreciendo materiales, textos, oraciones, videos…. ¿Te atreves a saltar a la Vida?
Durante esta semana seguiremos completando los materiales de esta página...¡seguimos en construcción! Por eso, agradecemos tus sugerencias, comentarios...